¿Es sostenible seguir construyendo vivienda en la periferia?

Durante décadas, el crecimiento de las ciudades se ha extendido hacia sus bordes como una respuesta aparentemente lógica a la demanda de vivienda. En el corto plazo, construir en la periferia puede parecer más accesible: el suelo es más económico, los terrenos son amplios y las restricciones, en muchos casos, son menores. Sin embargo, cuando se analiza el impacto a mediano y largo plazo, esta estrategia plantea cuestionamientos importantes sobre su viabilidad económica, ambiental y social.

Expandir la ciudad implica llevar infraestructura a donde antes no existía: nuevas redes de agua potable, drenaje, electricidad, alumbrado, pavimentación y transporte público. Cada kilómetro adicional representa una inversión significativa para gobiernos y desarrolladores, así como mayores costos de mantenimiento en el tiempo. Lo que inicialmente parece un ahorro en el valor del suelo termina traduciéndose en una operación urbana más costosa y menos eficiente.

Además, el crecimiento disperso incrementa la dependencia del automóvil. Cuando la vivienda se ubica lejos de los centros de trabajo, comercio y servicios, las personas deben recorrer mayores distancias diariamente. Esto no solo impacta el gasto familiar en transporte, sino también el tiempo disponible para la vida personal y comunitaria. Traslados más largos significan menos horas de descanso, menor convivencia y mayor estrés. A escala urbana, también implican más emisiones contaminantes y congestión vial.

Por el contrario, densificar zonas consolidadas ofrece una alternativa más sostenible. Apostar por áreas que ya cuentan con infraestructura, equipamiento y conectividad permite optimizar recursos existentes y reducir la necesidad de nuevas expansiones. La densificación bien planificada no se trata únicamente de construir más, sino de construir mejor: integrar vivienda con comercio, servicios y espacios públicos de calidad para generar entornos más caminables, activos y seguros.

Además, fortalecer los barrios consolidados contribuye a revitalizar economías locales y a aprovechar el potencial de la ciudad ya construida. Desde una perspectiva ambiental, concentrar el crecimiento reduce la huella urbana y promueve formas de movilidad más eficientes, como el transporte público, la bicicleta y el desplazamiento peatonal.

La pregunta no es si la ciudad debe crecer, sino cómo debe hacerlo. Frente a los desafíos actuales , cambio climático, presión sobre los recursos y desigualdad en el acceso a oportunidades; seguir extendiendo la mancha urbana hacia la periferia parece cada vez menos sostenible. En cambio, repensar el crecimiento desde la densificación estratégica y la regeneración urbana se perfila como una ruta más responsable y viable para el futuro de nuestras ciudades.